Emburucuyá


Salas, el último ídolo
Sábado, noviembre 29, 2008, 2:21 am
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Salas, el más grande

El más grande

Pienso en esto desde la noche del último domingo y las circunstancias obligan a no seguir esperando.

Nunca veré a un jugador más grande que Salas. Buena parte de mi amor por la U nace en ese par de años sagrados. Nunca he disfrutado más un gol como los de Salas. Grité el último en ese partido amargo, aunque lejos de la querida galería. Son muchos los recuerdos en la cabeza y no voy a enumerarlos.

Que digan lo que quieran los que están bajo su sombra. Que repitan mil y una veces sus goles. Que por favor haya una oportunidad para verlo jugar otra vez y elevar todos los honores que nunca serán suficientes. Cuánta emoción, cuánto temple, cuánto talento, cuánta sangre agitando el corazón, cuántas veces la garganta hecha jirones. Goles, goles, goles. Se apaga la última luz de la infancia y la extrañaremos. Gracias. Gracias. Gracias.

Salas, ídolo inmortal. Salas, ídolo de verdad. Salas, el último ídolo.

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Simpatía por el coludo
Lunes, agosto 18, 2008, 2:16 am
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El pelado canta, enchufados los audífonos, mientras barre la calle. La calle está vacía, por cierto, y ningún auto pasará. Hoy es domingo.

Pleased to meet you. Hope you get my name, dice sin escrúpulos.

Y uno, como pidiendo disculpas, camina nomás y sabe que hay una jornada de trabajo por delante.



Condorito
Sábado, julio 19, 2008, 2:35 am
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Me senté y frente a mí había una mujer leyendo Condorito. No recuerdo hace cuánto no veía a alguien leer Condorito. Menos en un lugar así.

La miré por varias estaciones hasta que se me cerraron los ojos. No fue tanto, cierto, pero suficiente para leer varios chistes. Nada de nada: no hizo ni un solo amago de sonrisa.

Después desperté en Vicente Valdés y ya no estaba.




Cat Power y la canción*
Miércoles, mayo 7, 2008, 12:52 am
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Hace un par de días leía una entrevista a Cat Power hecha en 2006. En ella hablaba de su afición por el alcohol (“bebía desde que me levantaba en la mañana hasta que me iba a la cama”), el encierro de un año en un departamento de Miami, sus recientes (en ese entonces) días en el hospital y las visiones que tenía antes de internarse ahí.

Pero lo más interesante, en mi opinión, está al final de la entrevista, cuando habla sobre sus próximos discos (Jukebox, uno de ellos, se editó el año pasado y motiva en parte esta entrada) y la grabación de The Greatest con viejos músicos de soul en Memphis. Antes de eso, Chan Marshall responde sobre sus – eso dicen – extrañas presentaciones en vivo y lanza una respuesta que dice mucho.

You have a reputation for unusual behavior during live shows: starting and stopping songs, talking as if you’re in a trance, apologizing repeatedly. Where does that come from?
Say you’re typing a poem and there’s something wrong with the E key — it looks like an R or a Q. And you’re like, fuck, and you pull the paper out. That’s what playing is like for me. There’s just something wrong — the sound, the lights, someone looking at me, maybe the piano’s out of tune — that’s why I stop and start. I want to make it perfect. It’s not like I’m trying to torture people. I don’t care if I’ve got a booger up my nose or my head’s on fire; it’s not about me. It’s about the song.

Sin discutir cuánto creerle o no, el final de la respuesta parece una lección. “It’s not about me. It’s about the song”. ¿No es simple?

A propósito de canciones: la versión de “Angelitos Negros” que aparece en el disco extra de Jukebox es una sacudida. Aún en español poco ortodoxo. Una versión de aquellas.

La música es de Manuel Álvarez “Maciste” y la letra de Andrés Eloy Blanco. Pedro Infante la cantó en 1948 y (cómo no) Los Ángeles Negros la grabaron en los ’70.

*A propósito del comentario de “chancita fan” (vaya manera de camuflarte) y nuestras últimas conversaciones.



Apuntes: Philipina Bitch, Fother Muckers y Matorral
Sábado, abril 12, 2008, 3:37 am
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Philipina Bitch
Jueves 10/4, Librería Qué Leo, 19:30 hrs.

Dos amigos, muchos instrumentos pequeños y discos artesanales en el suelo, guitarras acústicas, canciones sencillas y reposadas, varias divertidas y bien tocadas. A veces parecía que no estaban terminadas, pero eso lo hacía más cercano. Espontáneos. Podía ver a las personas que pasaban y miraban por el ventanal. Bastante público. Me gustó cuando tocaron harmónica. Y las canciones que me recordaron a Roberto Parra.

Fother Muckers
Cristóbal Briceño, el cantante.
Jueves 10/4, Batuta, 24:30 hrs. aprox.

Lugar repleto, gente gritando y con síntomas de euforia (¿tanto ayuda sonar en la radio?). Concierto largo, furioso a ratos y con videos intermedios y extraños. En uno de ellos, “clones” del grupo cantaban una cortina de radio Oasis. Las canciones eléctricas y ruidosas fueron golpes en la cara: “Héctor” y, sobre todo, “Tirado al sol”. Euforia. Las más reposadas, mis favoritas del disco, sufrieron con el ruido del lugar, perdian detalles y se opacaban cuando el cantante dejaba los tonos graves, que poco se escuchaban, y los cambiaba por ese canto gastado y más agudo. Satisfacción con las canciones desconocidas y con la versión de “Reflections of my life“. Una fiesta con el foco entre el vocalista y el pequeño guitarrista enardecido.

Matorral
Viernes 11/4, Centro Cultural de España, 19:30 hrs.

Javier Barría, el primero, quedó pendiente. Jirafa Ardiendo, los terceros, son caso cerrado. Matorral es una alegría que no necesita más que tocar sus canciones. Hasta parece fácil tocar. Público Infiel no se cansa de repetirlo. Bueno sería que también hicieran algunas que salen en el disco y poco en vivo, como “Tú” o “Noche en que perdí la voz”. No se me ocurre qué más pedir. No me aburro.

(tanta cosa que ver…)

Fin del mensaje.

Foto Philipina Bitch: Tahía Strika
Foto Fother Muckers: Gaby Salinas
Foto Matorral: Katharin Ross



Help!, Scorsese y La Madriguera
Jueves, enero 31, 2008, 1:19 am
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beatleshelp.jpg
Felices de estar vivos

No voy a ahondar aquí en mi absoluta devoción a los Beatles, aún en sus incursiones más bobas o discutibles. Por lo general en alguna de esas categorías entran las películas, las que hicieron y las que les hicieron (¿Yellow Submarine?). Y entre ellas la que se lleva todo mi favoritismo siempre ha sido Help!, posiblemente por las innumerables veces que la vi siendo niño. Por eso fue un gusto enorme encontrar este artículo dedicado a Richard Lester, director de A hard day’s night y la mencionada Help!

Pero mayor fue el gusto cuando el mismísimo Martin Scorsese se despachó el párrafo que sigue a estas líneas. Más exacto, imposible:

Y además, estaba la imagen que proyectaban… o, para ser más específicos, las imágenes. Cada uno era algo distinto, con sus propios e individuales sentidos de la ironía. Era como si estuvieran diciendo: “¿No es absurdo lo famosos que nos hemos vuelto? ¿Pero no es divertido? ¿Y no quieren divertirse con nosotros?” Y cada uno de ellos desarrollaba su propia identidad pública. Entender en qué medida reflejaban su identidad privada es tarea para un biógrafo, y de todas maneras no importa mucho. Cada vez que veíamos a Los Beatles, de algún modo nos hacía felices de estar vivos. Porque ellos estaban haciendo esta música hermosa y parecían estar pasándola muy bien al hacerla. Por supuesto, resultó ser que estaban todos los problemas acostumbrados; pueden verse en Let it Be. Pero la imagen de gozosa colaboración sobrevivió a la separación. Se encuentra íntimamente conectada con la música, y es igual de perdurable.

La cita es en realidad de una nota relacionada al artículo principal, que se publica a propósito de la “edición internacional” del DVD de la película “en un disco doble con extras, nuevas entrevistas al director y a parte del equipo, la escena que no fue, los trailers promocionales y demás”. Cuestión que no vendría al caso si no estuviera relacionado con otro ilustre devoto de los Beatles.

En noviembre pasado descubrí La Madriguera, estupendo programa radial conducido cada medianoche por el españolísimo Diego Manrique en Radio 1, cuyas ediciones se pueden escuchar en podcast. Los artículos que escribe eran buen antecedente, pero el primer capítulo que oí de La Madriguera acabo por convencerme más que rápido. En segundos, en realidad: comenzaba con canciones de Help!, a propósito de la edición española en DVD de la película.

Manrique, el español
Manrique, el español

Cada cierto tiempo los Beatles suenan en La Madriguera, pese a que el conductor las considera “grabaciones sagradas” que no conviene tocar demasiado seguido para que no se desgasten. Es una de las razones para la gran cantidad de versiones de otros músicos programadas.

Además de las disfrutables pronunciaciones españolizadas de Manrique, se puede disfrutar de clásicos – Dylan, Rolling Stones, Kinks, Animals – mezclados con Serrat, Compay Segundo, Nick Drake, Cole Porter o Billie Holiday tantas veces como quisiéramos en cada programa de radio.

Es un programa lleno de buena música con el presentador preciso. En palabras de ellos, “canciones de la historia e historias llenas de canciones”. Solo hay que escuchar.