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Fernando Milagros, Gustavo León, Ángelo Pierattini y Fother Muckers: Cuatro caras de Bob Dylan
Jueves, marzo 13, 2008, 11:21 pm
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Gustavo JiminelsonPublicado por Mus el martes 11 de marzo de 2008.

Cuatro caras de Bob Dylan

Fernando Milagros, Gustavo León, Ángelo Pierattini y Fother Muckers
Tributo a Bob Dylan | El Living, jueves 6 de marzo
$3.000

Rodrigo Alarcón L.

Quizás suene muy serio un “Tributo a Bob Dylan”, y por eso varios de los músicos que participan en éste parecen no tomarlo con tanta formalidad. “Para ti Bob Dylan, que estás en el cielo”, bromea Cristóbal Briceño, el vocalista de Fother Muckers, antes de una canción. Es lo bueno de este homenaje: deja de lado las reverencias y propone aproximaciones diferentes, que, en este caso, pueden ser muchas.

La de Fother Muckers es impredecible. Comienza con el guitarrista Héctor Muñoz tocando en solitario “I shall be released” e “If not for you”, y continúa, ya con formación completa, con una recopilación de clásicos: “Just like a woman”, “Lay lady lay” y “Handle with care”, que tocaban los Traveling Willburys, con Ángelo Pierattini en la guitarra. Pero también surge, medio en broma y medio en serio, un espontáneo esbozo de “I was made for loving you”, de Kiss, y el show cierra con canciones propias del cuarteto, que suenan bastante menos prolijas que en el disco que firmaron la temporada pasada. Pero los asistentes celebran igual, incluso cuando los músicos chocan en el escenario o dejan de tocar para arremeter sobre un micrófono, cantar unas cuantas líneas y acabar la presentación con los atriles caídos.

Antes, sin embargo, hay otros números. Fernando Milagros opta por combinar la cara más sombría de Dylan, la de de “Love sick”, por ejemplo, con las reposadas canciones de su autoría. Y así logra un buen momento con una taciturna versión de “Girl from the north country” que el público recibe más bien contemplativo, aunque parece animarse algo más sobre el final, con “Reina japonesa”.

Gustavo León (en la foto) se hace cargo de la voz y la guitarra, eléctrica casi siempre, de Jiminelson, pero ahora está solo y con su instrumento desenchufado. Tampoco se ciñe en forma estricta al llamado a tributar a Dylan, así que es capaz de hilar dos canciones como “Idiot wind” y “I don’t want to talk about it” –original de Crazy Horse y popularizada por Rod Stewart– con composiciones propias como “No fue sino hasta que te fuiste” y “El delincuente”. Y todas explotan una mezcla de blues y balada que, con cuerdas metálicas y en su voz, se oye sentida y hasta conmovedora.

El contraste con esa intensidad acústica es la electricidad del trío de Ángelo Pierattini. Inicia con una vigorosa versión de “House of the rising sun” y adereza un set rockero con detalles como una viola y plumillas en la batería. La ejecución es impecable y el trío suena con fuerza, pero lo mejor llega al final. Si cada participante interpreta diferentes caras de Bob Dylan, Pierattini lo hace más evidente: cambia los bronces de “Rainy day women #12&35” por un riff de guitarra, transforma el ritmo caminante por un pulso rockero e incorpora un solo preciso y furioso casi al final. Toma una marcha militar borracha y la toca como un rocanrol firme y estimulante. Es una interpretación de Bob Dylan: la suya.

Foto: Susana Hernández.

Ver también:
Reseña de Fother Muckers – No soy uno, en entrada anterior.
Escuchar:
“El delincuente” en MySpace

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Fother Muckers – No soy uno
Sábado, marzo 8, 2008, 12:13 am
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Fother Muckers - No soy unoPublicado por Mus el 7 de marzo de 2008.

Fother Muckers
No soy uno
(2007, Escarabajo)

Rodrigo Alarcón L.

Es un buen punto de partida saber que este grupo hizo su debut en una Convención Beatle. El dato puede ser mezquino, pero adquiere relevancia cuando en gran parte de este álbum es posible reconocer la escuela de canciones de la que los Beatles son maestros adelantados, aunque no los únicos.

Esa raíz está en la sobriedad de las baterías y las percusiones, sabias para dar un giro a las canciones con movimientos simples como en los inicios de “Fuerza y fortuna” y “A la primera” o sólo mantener el pulso. Está en la sucesión de guitarras eléctricas y acústicas, arpegios, rasgueos y punteos melódicos que matizan y aportan timbres a cada tema. Está también en el bajo, que a ratos lleva su propia melodía y tiende puentes entre los acordes como en “Tres caras largas“. Y está por supuesto en las voces, que mantienen casi inalterable su vocación melódica y ensayan armonías simples pero cálidas.

Es este un disco clásico, porque se aferra al formato canción y a una alineación de guitarra, bajo y batería favorecida por otros instrumentos como piano, teclado y metalófono. Es clásico también al citar a Johnny Cash en “El que se lo encuentra se lo queda”, invocar al Neil Young eléctrico en “Fueron” y utilizar los pianos y slides que se oyen en la mencionada “Tres caras largas”. Y clásico también en que son canciones con acordes como los de tantas otras, pero que de pronto se vuelven entrañables.

Quizás algo tenga que ver en eso el rol del vocalista Cristóbal Briceño, en especial en aquellos pasajes más despojados, sostenidos a veces sólo sobre su canto y guitarra. Es su voz uno de los rasgos que unifica las canciones: a veces profunda, otras desgarrada, en muchas ocasiones lánguida y hasta furiosa. Pero también las letras tienen lugar de origen y cercanía. En este disco hay versos hogareños como la pregunta “¿Quieres café o té?” y líneas que sólo se podían escribir en este lugar del mundo. Ejemplos hay en la narración de doce perros que llegan hasta el cerro por Moneda, la historia de “El conductor”, que conduce un Metrotrén, o la frase “gardenias pa’ almorzar”. O más simple todavía: solo acá escribir “Tres caras largas” tiene más de una acepción.

Temas: 1. Fuerza y fortuna. 2. El conductor. 3. Tres caras largas. 4. El que se lo encuentra se lo queda. 5. Aunque todo salió mal. 6. A la primera. 7. Uno sino mil. 8. Ríos color invierno. 9. Fueron. 10. Héctor. 11. Ya veremos. 12. Cajas y paneles. 13. Tirado al sol. 14. A cuatro rounds.

Músicos: Cristóbal Briceño (voz y guitarra), Simón Sánchez (bajo y voz), Héctor Muñoz (guitarra), Martín del Real (batería). Invitados: Alex Anwandter (pianos y batería), Andrés Zanetta (teclados, metalófono y percusión).

Fother Muckers MySpace



Los Coléricos, Amigo Imaginario y Santos Dumont: Regalo de otro tiempo
Martes, febrero 26, 2008, 11:25 pm
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Santos Dumont

Reseña escrita para Mus y publicada el martes 26 de febrero de 2006.

Los Coléricos, Amigo Imaginario, Santos Dumont
Miércoles 20 de febrero, ciclo Viva Conce en La Batuta
$2.000

Rodrigo Alarcón L.

Los Coléricos inauguraron la noche con “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” cantada por el baterista Juan Pablo Ramírez y finalizaron su presentación con una espontánea y más sucia “That’s all right (mama)”, de lo primero que cantó un niño llamado Elvis Presley. Y esas son dos buenas pistas para describir poco más de una decena de canciones que se oyen entre aquellas versiones. “Tan dulce” es un adecuado ejemplo del repertorio: intercala estrofas apuradas por un riff demasiado parecido al de “Anarchy in the UK” (de The Sex Pistols) con coros melódicos donde el cantante armoniza con sus compañeros. Pareciera que la música de este grupo nunca termina de despegar, aunque suenan ajustados y los aplausos de unos cuantos espectadores parecen desmentirlo.

Amigo Imaginario, la banda de Mauricio Melo, es más precisa sobre los instrumentos y toca canciones aún más melódicas, pero tienden también a ser más planos. Quizás porque el ritmo de las canciones es similar, o porque la afinada Olga Ostria cae siempre en coros parecidos. La regla se rompe con Raúl Morales en teclado, cuando el tempo cambia por lo que Melo presenta como un bolero, con la más urgente y guitarrera “No te engañes” o con un cierre más atrevido, ruidoso y extendido, donde incluso se escuchan notas de los primeros Pink Floyd.

Solo esos dos grupos están anunciados en cartelera, pero la mayor parte del público se encuentra aquí por el tercero. Es un secreto a voces y se encargan de corroborarlo los músicos que ya pasaron por el escenario al finalizar sus propios shows cuando anuncian a Santos Dumont. La banda vuelve a escena a más de cinco años de su última presentación (en septiembre de 2002). Los asistentes, dispersos por el lugar, se alistan para conocer la versión 2008 del grupo, que es casi idéntica a la que decidió la separación: Julián Peña (voz y guitarra), Mauricio Melo (guitarra), Alberto Rojas (bajo y coros) e Iván Molina (batería), con la compañía del tecladista Raúl Morales.

La presentación es tan contundente como breve, y quizás parte de lo primero se deba a lo segundo. Apenas tocan dos canciones, pero es suficiente para emocionar. La primera es la más conocida, “Ayer“, y en las primeras filas provoca un incipiente coro y varias sonrisas que se repiten en los rostros de los músicos, quienes intercambian miradas mientras el tema avanza. El inicio de esa canción es dubitativo, pero con “Lee en el espejo” se afirman sobre el escenario y despachan una vigorosa versión, animada sobre todo por las baquetas de Iván Molina. Se pierden los detalles del teclado y los coros de Alberto Rojas, pero la energía que proyecta ese par de canciones deja a muchos pidiendo más. En pocos minutos, el regreso de Santos Dumont ya es historia. Y bastaron dos canciones para justificarlo.

Foto: Tamara Sancy
Ver también: Adictos al ruido



Matorral – Resonancia en la zona central
Viernes, febrero 8, 2008, 8:08 pm
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matorral.jpg

Reseña publicada por Mus el martes 5 de febrero de 2008.

Matorral
Resonancia en la zona central
(2007, Cápsula Discos)

Rodrigo Alarcón L.

Lanzar un disco doble siempre ha sido una maniobra arriesgada, y más en los tiempos de la música a granel a través de internet. Sin embargo para Matorral es también hacer justicia con un repertorio de canciones difundidas en vivo, unas, y recién reveladas en este álbum, las otras.

Éste es el testamento de una banda que ya no existe. Es la última grabación de Matorral con el estilo siempre inquieto del alejado baterista Iván Molina, que brilla en especial en canciones como “Golpe en plena cara” o “Carne de cañón”, donde la veta eléctrica y sicodélica se despliega en largos pasajes instrumentales. La mezcla entre ese rock y ciertas armonías y ritmos cercanos al folclor ha sido marca registrada del grupo hasta ahora y este álbum confirma esa premisa. Quizás la melodía y el pulso de una canción como “¿Donde está el chal?” no puedan ser hechos más que en Chile, tal como sólo acá cantar “Corre hacia los campos” es una cita a los setenteros Embrujo.

Los problemas que provocaron la salida del baterista rondan en muchas letras del álbum y, unas más reveladoras que otras, parecen siempre rodeadas de pesar y hasta desolación. Esas sensaciones hay en versos como “Ya no hay tiempo para más / hice lo que pude / sólo quiero descansar / perder es agotador” o la letanía final de “Tú”. Y podrían ser asfixiantes –más en un álbum doble– de no ser por ciertos respiros: la juguetona “Todo”, la muy guitarrera “El sastre”, la cálida instrumentación de “Noche en que perdí la voz” y la bonita narración de “A medio camino”. Las dos últimas incluyen cuerdas y ése es un acierto. La incorporación de trompeta, banjo, teclados y las mismas cuerdas matizan el sonido del álbum.

“Cantores que reflexionan” es una de las cumbres de este disco. Podría ser un pésimo síntoma, pero aquí es lo contrario: es la letra de Violeta Parra, pero cantada con una nueva melodía, otra vez sobre las volátiles baterías y guitarras de Iván Molina y Felipe Cadenasso. Se convierte en una canción propia que, de nuevo, solo podría haberla compuesto un grupo chileno.

Hay, además, una velada convicción en la creación musical como superación ante cualquier dificultad. Se adivina en algunos pasajes de esos versos angustiantes y queda claro en la canción oculta del primer disco: “Escucho un ruido en la puerta, señor / quieren las armas callar mi voz / si he de partir / quiero salir hecho música”, dice. Es el mismo convencimiento que se advierte en el inicio, y sin importar cuántos fueron los problemas, Matorral sólo necesita dos palabras para expresarlo: “Estamos bien”. La gracia es que además suenan bien.

Temas: Disco uno: 1. Estamos bien. 2. Mediodía. 3. Dónde está el chal. 4. Presión baja. 5. Terminé. 6. Carne de cañón. 7. Dentro de las piedras. 8. Una anticipación. 9. Nuevos días. 10. El sastre. Disco 2: 1. Agotador. 2. Cuántos cómo tú. 3. Golpe en plena cara. 4. Las rocas. 5. A medio camino. 6. Lo intentamos. 7. Bajo tierra. 8. Corre. 9. Todo. 10. Cantores que reflexionan. 11. ¿Quién duerme? 12. Noche en que perdí la voz. 13. Tú.

Músicos: Felipe Cadenasso (voz y guitarras), Gonzalo Planet (bajo y voz), Iván Molina (batería). Invitados: Bernardita Martínez (voz, teclados y bajo), Ángelo Guíñez (armónica), Jorge Rivera (violín), Simón Cox (banjo), Ricardo Carrasco y Jaime Muñoz (trompetas), Rodrigo Subiabre-Cantín (teclados).

Escuche:
Cantores que reflexionan

A medio camino

Golpe en plena cara

Mini documental sobre “Resonancia en…”
www.myspace.com/matorral



Leo Quinteros – Los accidentes del futuro
Viernes, septiembre 28, 2007, 2:21 am
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Publicado por Mus en septiembre de 2007. Originalmente la reseña salió con un grosero error de redacción que ya se encuentra corregido.

Leo Quinteros
Los accidentes del futuro
(2007, Andes empire / Oveja negra)
Rodrigo Alarcón L.

Hace algunas semanas en una entrevista publicada en este sitio Leo Quinteros decía que es este un disco más versátil y donde su interés está en un tipo de canción, en “el artefacto que es la canción”. Dos afirmaciones que son ciertas y a las que habría que agregar que es en este disco también donde Leo Quinteros confirma que maneja a plenitud los códigos de la canción. Incluso se da algunas licencias con ese artefacto, mezclando idiomas y en el divertimento que es “Créditos”.

Están aquí las virtudes que ya se han señalado sobre sus dos discos anteriores: canciones melódicas, inteligentes, imaginativas, estimulantes. Pero manejar los códigos de la canción también significa saber vestirlas y es esta grabación donde mejor hace esa tarea. Valiéndose de electricidad aguda (“Heart attack”), emotiva desnudez (“La enredadera”, “Mis propios papeles”) o colorida sonoridad (“Por ahí van”) conforma una variedad de timbres suficiente para que cada canción suene distinta y a la vez unificada por su voz.

Nada de eso sería importante sin embargo si no fuera este un músico capaz de seguir entregando canciones sorprendentes. Puede contar una fábula en clave country (“Los accidentes del futuro”) y hacer una mejor versión de una canción que ya era buena como “Invisibilidad” (incluida en Fallando, su primer disco); sabe narrar una aventura salpicada de coros juguetones (“Pensilvania”) y firmar bonitos compases de tres tiempos adornados por un teclado que hace de organillo (“El reflejo del salar”). No es fácil describir esta música con justicia, algo de extraño e inasible tienen en su simpleza.

Hace un par de años, Leo Quinteros le dijo a este redactor lo siguiente: “Piensa que los instrumentos fueran colores y quieres hacer un retrato. Tienes que elegir con qué colores lo vas a pintar. Esa misma decisión es como pintas la canción, con los colores adecuados para ella. Mientras más adecuados sean, el resultado es mucho mejor”. En este disco los colores son los adecuados y brillan en canciones que no son accidentes. Tampoco son del futuro, suenan ahora.

Temas: 1. Heart attack. 2. Invisibilidad. 3. La enredadera. 4. Los accidentes del futuro. 5. Pensilvania. 6. Mis propios papeles. 7. Por ahí van. 8. El reflejo del salar. 9. Mal agüero. 10. Cóndor in my heart. 11. Cajita. 12. Créditos.

Músicos: Leo Quinteros (guitarras, bajo, percusiones, piano, teclados, harmónica, voces y coros), Cristián Sotomayor (baterías y percusiones), Mowat (piano y coros), Rodrigo Bauzá (violines), Blanca Lewin (coros), Camila Téllez (coros) y Turboplasma (coros).



Fiskales Ad Hok – Lindo momento frente al caos
Domingo, septiembre 9, 2007, 4:42 am
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Publicado en mayo de 2007 en Mus.
Fiskales Ad Hok

Lindo momento frente al caos
(2007, CFA / Oveja Negra)

Rodrigo Alarcón L.

Mi cadáver” se llama la canción que abre este disco y es también con razón el single promocional. Dos y minutos y medio de excelente presentación para el regreso de Fiskales Ad Hok al disco y las canciones nuevas, seis años después de un Calavera (2001, CFA) que ni siquiera a la banda dejó conforme.


Lindo momento frente al caos es una estupenda lección de cómo sonar con frescura luego de veinte años tocando canciones que aparentemente hablan de lo mismo en un género supuestamente tan estrecho como el punk. Porque los rasgos tradicionales están: guitarras aceleradas y distorsionadas, gritos, canciones cortas y lo que comúnmente se llama “crítica social”. Los personajes y temas se repiten en este y todos los discos de Fiskales Ad Hok: la clase dirigente, los militares, la policía, la violencia.Es así como “De cuello negro” recuerda a “Río abajo”, de Traga! (1994, Culebra/BMG) cuando los ríos y cisnes sureños remiten al mismo problema; así como “Perro muerto” es la amarga despedida a Pinochet anunciada en “Cuando muera”, del disco Fiesta (1998, CFA). Es también así como la rabia de siempre es la contenida en los versos “cortemos por lo sano / cortémosles las manos”, de la furiosa “La mano”, e incluso un antiguo integrante –Pogo– aparece en una antigua canción recién publicada (“Policía secreta”).

Pero las canciones de este disco ni suenan igual ni dicen lo mismo. Por un lado la actual formación debuta en disco y su principal virtud es la inclusión de dos guitarras, experimento que brilla cuando la segunda de éstas toma rumbo propio en la construcción de arreglos y se oye demoledor cuando suenan al unísono. Y por otra parte, el acento que tienen las letras en la cercanía del barrio y lo personal, sumado a la ambigüedad de algunas de ellas, las vuelven particularmente interesantes y las libran del simple panfleto.

Los retratos del momento previo al “fuego, piedras y barricadas”, del “perro que te sigue a tu casa, te cuida la espalda, te hace el aguante ahora, después y durante” y del “ángel lejos de casa, con las alas quemadas” son conmovedores. “Mi cadáver”, “Los niños” y “El proceso” son canciones con un sentimiento de desilusión abismante. Y el vértigo cuando el pulso se acelera es una de las mayores cualidades de un disco completamente atravesado por la furia. Todo lo anterior late en canciones que escapan a la obviedad y son suficientemente lúcidas para que lo dicho quede claro. Por ahí, latiendo.

Temas: 1. Mi cadáver. 2. Domingo en la feria. 3. Microtráfico. 4. Ángel. 5. Tu vida. 6. El proceso. 7. Lindo momento. 8. Kilterrier. 9. Autoestimulación. 10. Responder. 11. Mi condena. 12. De cuello negro. 13. Listo para ir. 14. La mano. 15. Policía secreta. 16. Esa vida. 17. Perro muerto. 18. Los niños. 19. En mi cocina.Músicos: Juan Pablo “Mecha de clavo” Arredondo (guitarra), Álvaro “Guardabosques” Rozas (guitarra), Rubén “Roli” Urzúa (bajo), Rodrigo “Memo” Barahona (batería), Álvaro España (voz).