Emburucuyá


La semana UDI
Sábado, septiembre 1, 2007, 3:43 am
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Ya que debo tener un blog, lo usaré. Esto lo escribí a fines de 2005, creo, para un taller de reportaje… creo. Había que hacer algo con las elecciones de esos días. Obviamente cambiaría cosas, pero bah.

La semana UDI

Esta es la historia de un reportaje que pretendía recorrer calles, casas, plazas y ferias de La Reina en plena campaña parlamentaria y presidencial. En vez de eso, terminó convertido en el relato de una salida a una discotheque de La Reina. Con María Angélica Cristi y sus amigas.

Rodrigo Alarcón L.

Son más de las ocho y la chica con polera y bandera y jockey de Longueira me habla mientras sigue agitando la bandera. Los autos pasan en cantidades, es lo que algún genio llamó la hora del taco. “¿Por qué no vai a hablar con la señora Pamela mejor? Si vive ahí en la calle de más allá… Son como 15 minutos caminando… y tú andai en bicicleta”. “¿Y está ahí?” “Sii… si está enferma además”. Parece que sonríe un poco. Me despido y sigo mi camino. De vuelta, subo la calle que cada vez se empina más. La Reina es una comuna hostil para ciclistas desde ciertas cuadras hacia arriba. Efectivamente, el número que me dio la chica de la bandera está pocos metros más allá.

– La señora está enferma. A ver… espérame un poquito.
– ¿Señora Pamela Gallegos?
– Sí, con ella.
Los perros ladran chillones y el diálogo por citófono es imposible.
– A ver, pasa mejor.

Espero en una cocina. Se pasea otra chica que también debe agitar banderas de la UDI en alguna esquina. Se pasea el tipo con el que hablé el otro día mientras agitaba una bandera. Ninguno tiene más de 17 años, seguro, y sus peinados quedan perfectos para un programa juvenil. Con piercing además. También se pasea Marujita…

– La señora está en bata, pero igual te va a atender. Pasa por allá.

Rubia platinada, vieja pero arreglada. Bata completamente blanca. Cara gorda. Te recibí sólo porque yo también estudie periodismo. Nos sentamos en un sillón y hablamos. “De la Chile, en segundo año”, digo. Me siento incómodo con short y polera en ese living. Afuera hay un patio enorme y una piscina. Me cuenta de su hija que sale de sicología en la Católica, que vuelve de Europa después de 3 meses, que su casa esta revolucionada: a medio camino entre la fiesta por el regreso y la vida de comando UDI que llevan. Recuerdo que en el patio hay propaganda – esa contra los que todos reclaman – de la UDI tirada detrás de un auto. “¡Y a mí me da neumonía justo ahora!” La señora me dice que es concejal, que se fue de Chile a México para el gobierno de Allende y que estudiaba en la UNAM, como si nos conociéramos hace mucho. “¡Marujita tráeme un papel y un lápiz!” Maruja no responde. Se para, miro los libros de arte que hay en la mesa. Dudo que los revisen. O quizás sí.

“Entonces la llamo. El jueves, ya”. “Ahí está mi teléfono”. “Muchas gracias”. Nos despedimos de beso y tengo una sensación rara. De tía a la que no se quiere. Nadie me sale a dejar. Enfilo cuesta abajo en bicicleta. Por suerte la bicicleta agarra vuelo y me alejo. No tanto… vivo unas cuadras más abajo.

Teléfono I

-¿Aló?
-¿Aló, señora Pamela?
– Sí con ella…
– Hola, soy Rodrigo Alarcón. Estuve en su casa hace unos días. Me dijo que la llamara hoy.
– Aah, hola. Mira, no, no quedan cupos.
– ¿Cómo?
– ¿Tú qué querías?
– Que me avisara de alguna actividad de campaña para ir a report…
– Aaaah, ya. No, mira, no ha habido nada.
– Aah.. ¿y pronto no hay nada?
– Hay cosas, lo de siempre, siempre hay cosas… el sábado o el domingo va a ir Longueira a la feria también..
– Ah eso podría ser.
– Sí, yo te llamo y te aviso.
– Ok. Muchas gracias, chao.
– Chao.

Teléfono II

-¿Aló?
-¿Aló, señora Pamela?
– Sí con ella…
– Hola, soy Rodrigo Alarcón… (silencio) Estuve en su casa hace algunos días y la llamé el jueves…(silencio de nuevo). Yo quería reportear alguna actividad de la campaña y usted me dijo que me iba a llamar, pero parece que no pasó nada…
– Ah, no. Mira, el miércoles es el cierre de campaña en el Estadio Nacional.
– Aah… ¿y antes?
– Eeeh… mañana hay una reunión de apoderados de mesa. A las 7 en Las Brujas.
– A las 7 en Las Brujas. Ok. Gracias, chao.
– Chao.

Vamos a Las Brujas

7 de la tarde. Irarrázaval con Macul. La única micro que sirve pasa de largo. Atraso asegurado. ¿Serán puntuales en estas reuniones o serán como mis amigos? 7:23. Las Brujas. Todo casi desierto. ¿Se habrá terminado ya? Una señora me grita desde un auto: “¿Sabe donde está eso de El Rancho?” Encojo los hombros. Esa vieja debe ir a la reunión también, pero está más perdida que yo. Un peinado a lo María Angélica Cristi atraviesa raudo el estacionamiento de Las Brujas a bordo de un auto. Cruza un portal y dobla a la derecha. Todo a la derecha. A El Rancho dice un letrero. Por ahí es la cosa.

En una de las entradas a la discotheque hay por lo menos diez personas en las veredas agitando banderas de Longueira. En los cables, un letrero de la candidata. En la entrada de El Rancho, gente conversando y la misma María Angélica Cristi junto a su auto. En pasillo para entrar hay una mesa llena de volantes que multiplican su cara. Es una situación extraña. Hay muchas María Angélica Cristi. Está la de verdad, las seguidoras, las de los papeles. Lo importante es que aquí es la cosa.

En la disco

Una especie de salón de Las Brujas está habilitado para el cónclave. Hay sillas, parlantes al fondo, una mesa larga – como Té Club – repleta de volantes, calendarios, ¡fósforos! y tarjetas de navidad en los que Lavín, Longueira y Cristi sonríen como en todo Chile, Santiago y La Reina. Las mismas fotos. Saco un ejemplar de cada especie. Los fósforos son especialmente estimulantes.

Hay gente pero aún no pasa nada. Se pasean viejas seguidoras de Cristi – de su peinado y bronceado – y otras que también lo deben ser, aunque como diputada. Hay señores que deben compartir asados con Longueira. Descontando algunos niños, soy el único menor de treinta o cuarenta. La situación variará poco con el correr de los minutos. Un par de señoras se pasean ofreciendo vasos con coca cola y pan de pascua. La coca cola helada es especialmente sabrosa a esa hora y tres vasos me lo confirmarán durante lo que queda de tarde. Me como los hielos también, cuidando que nadie me note. Especialmente María Angélica.

Los minutos corren y no ocurre nada. La gente conversa, se saludan la mayoría – “¡Qué gusto verte! ¡Tantos años!” – y se pasean. María Angélica entra después de largo rato. Al parecer a nadie le resulta una figura extraordinaria, porque nadie se alborota y casi la ignoran. O quizás es porque se confunde entre tantas mujeres parecidas.

– Era aquí. – La señora que me gritó desde el auto toma bebida a mi lado. Apenas alcanzo a notarle dos dientes.
– Sí. ¿Usted es apoderada?
Se encoge de hombros tal como lo hiciera antes yo en el estacionamiento. Confusamente , me explica que viene de Nos, que antes vivía en La Reina y su hija le avisó que tenía que presentarse. Dice que si no lo hace le pueden pasar una multa.
– ¿Y quién le va a pasar una multa?
– No sé…
– ¿Es de la UDI usted?
Se encoge de hombros de nuevo.
– A mí de política, no me pregunten…

¿Qué hacía ahí? ¿Cómo llegó? Realmente estaba perdida. Primera curiosidad de la tarde.

Brujas

Los minutos siguen corriendo y poco pasa. Hay una mujer que recorre el lugar tomando los datos de cada apoderado que ahí está. La evito durante todo ese tiempo mientras sigo tomando bebida. Luego sabré que ella es Julita. Pamela Gallegos saluda a todo el mundo, reparte besos y sonrisas y habla de todo y con todos. Hay más señoras como ella y María Angélica. Hay más señores como Longueira. Jamás pensé que el estereotipo UDI fuera superado por los ejemplares originales.

Hay algunas personas que no entran en esa categoría. Más bien se parecen a los chicos que están en las calles agitando banderas. Un grupo de señoras de aquellas está enojado. La más pequeña y más vieja de ellas dice que son las que más trabajan y ni siquiera les dan un vaso de agua. Que pescan a los que hacen menos y que ellas están desde las 8. Una señora muy rubia y bronceada, de calipso como María Angélica, promete solucionar el problema. Consigue bebidas, pan, y se las lleva afuera a conversar. Poco rato después las mujeres se retiran y la señora de calipso sigue su camino de sonrisas.

– ¿Supiste la última?
– No.. ¿qué?
– Que viene la vieja del Kirljner (sic) al cierre de campaña de la Bachelet. El Lavín está enojado. En La Segunda decía.
Unas mujeres gordas conversan sobre la noticia de la tarde. El diálogo se pierde, pero sus caras son de reprobación todo el tiempo. Son fáciles de imaginar en televisión reclamando porque a su niño lo atienden en el pasillo del hospital, porque su casa se llueve o porque los jóvenes se drogan en las esquinas de su población.

Pamela Gallegos se para frente a todos y comienza hablar. Que las carpetas, que los apoderados tienen que llenarlas, que ya las llenaron…
– A ver, vayan mejor todos ahí donde están esas chiquillas y las llenan.
– ¿Es una orden o una sugerencia? – dicen desde los que están sentados.
– Es una orden poh, si estamos en la UDI.

Todos ríen. Todos obedecen.

Estrellas y brujas

María Angélica se dirige a todos. Les habla de lo fundamentales que son. Dice que tienen que ganar los tres – Cristi, Longueira, Lavín -, y que con uno no sacan nada. La gente asiente. María Angélica es tan simpática que casi dan ganas de arrepentirse de no estar inscrito para votar por ella. La sonrisa, el peinado, las arrugas y el bronceado de sus carteles están ahí, son reales. Saludan a todo el mundo. A todos los escuchan. Incluso a mí me invita al evento del Estadio Nacional. Lleven a sus familias, hijos, hermanos, nietos… Pienso en mis nuevos fósforos y que ahora podré tenerla siempre junto a mí. Cerca de la gente, como ella promete en uno de los volantes. María Angélica es una estrella.

La verdadera, sin embargo, es Pamela Gallegos. María Angélica le deja la palabra y ella presenta a los apoderados generales. “Él es Eduardo Lavín… ¿tengo que repetirles el apellido?” Todos ríen, es tan simpática Pamela. Ella interrumpe a todos cada vez que necesita decir algo. Pide que levanten la mano los que van al estadio en la micro que parte de su casa. “Bueno aquí casi todos conocen donde vivo…. La sede de la UDI es mi casa”.

El sopor viene con la verdadera reunión. Le dan la palabra a un perno. Sí, un perno de los peores. Toda la simpatía de Pamela y María Angélica se esfuma. Un tipo de corbata toma el micrófono que nunca funcionó bien, expone con diapositivas auriazules y tira chistes terribles: “En Chile hay tres husos horarios: el de Chile continental, el de Chile insular y el de la UDI que es media hora más tarde”. “Ustedes son fundamentales. Fun-da-men-ta-les. Lo voy a decir dos veces más. Fun-da-men-ta-les. Fun-da-men-ta-les”. Su exposición es realmente horrible y las preguntas de los futuros apoderados de mesa todavía peores. El tipo responde tres veces la misma pregunta y sigue sonriendo. Afuera está casi oscuro y el brillo de la tarde se esfuma adentro también.

“Ustedes saben que en esta elección hay un candidato con más recursos que nosotros”, dice a propósito de unos papeles que costaron 100 pesos a la UDI cada uno. Los chistes sobre Piñera son constantes, aunque jamás lo nombran. “Nosotros no hacemos trampa”. Acto seguido, insta a estar atentos siempre a la pillería. Dice que la elección pasada se perdió por un voto en cada mesa. Que en Talcahuano perdieron con trampa. Muestra fotos de votos. Que los noticiarios andan vueltos locos y cualquier cosa que pase, los apoderados deben avisar y el comando central “canaliza” la situación. Pamela lo interrumpe de vez en cuando. María Angélica también, cuando no está paseándose.

El perno sigue hablando de votos blancos, nulos, apoderados y mesas cuando una señora me asusta:
– ¿Usted en qué colegio vota?
La miro y me asusto más.
– No.. yo no…
– No vota. ¿Y quién le avisó de esta reunión?
– La señora Pamela.
Asiente y camina hacia ella. Conversan. Me miran mientras sigo atentamente la exposición a los apoderados. De pronto, Pamela está detrás de mi silla.
– ¿Tu tienes carpeta?
– No, yo no. Yo fui a su casa el otro día, ¿se acuerda?
– Aaah, sí. Hola. Ah ya, ok.
Vuelve donde la otra mujer. Se dicen algo. El perno sigue hablando. Se acabaron las bebidas. Está oscuro. Mejor me voy de la discotheque.

(La foto es de UDI)
PD: Los fósforos los conservo como reliquia.

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